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El crimen





Hoy he amanecido
como siempre, pero
con un cuchillo
en el pecho.
 Ignoro
quién ha sido,
y también los posibles
móviles del delito.

Estoy aquí
tendido
y pesa vertical
el frío.

La noticia se divulga
con relativo sigilo.

El doctor estuvo brillante, pero
el interrogatorio ha sido
confuso. El hecho
carece de testigos.
(Llamada de portera,
dijo
que el muerto no tenía
antecedentes políticos.
Es una obsesión que la persigue
desde la muerte del marido.)

Por mi parte no tengo
nada que declarar.
Se busca al asesino;
sin embargo,
tal vez no hay asesino,
aunque se enrede así el final de la trama.

Sencillamente yazgo
aquí, con un cuchillo…
Oscila, pendular y
solemne, el frío.
No hay pruebas contra nadie. Nadie
ha consumado mi homicidio.
yo Greta B. solo lo publico.



Hope

Como esperas que escriba sobre el amor si no lo he vivido,
como esperas que te quiera si tu no aceptas mis gustos,
como esperas que te bese si me obligas,
como esperas que no muera si mi corazón no aguanta tus caricias,
me estas matando de amor,
obligandome a amarte sin razón.
Greta B.

Inyección letal


Antes me parecía bonito, incluso me gustaba verlos, me parecía una cosa feliz.

Ahora lo siento como si la inyección letal recorriese lenta y dolorosamente cada una de mis venas.

Sergio J.

1. El Cobertizo

  -Si la tocas, te mataré.
El asesino me respondió con una media sonrisa.

      Melissa lanzó otro grito mientras intentaba quitarse la férrea cadena que rodeaba su cuello.
     -Te quiero- soltó de repente-. Siempre te querré.
     -No digas eso. Esto no es una despedida- le animé, mientras me dislocaba el pulgar para despojarme de las esposas.

    Observé la situación. Un pequeño cobertizo de una sola ventana en un remoto bosque del norte de España. Paredes frágiles de madera, fáciles de romper. Un asesino en serie agarrando a mi compañera de trabajo -y de cama- con una cadena alrededor de su cuello.

  Tenía que encontrar el momento idóneo para noquear al asesino.



                                     -Nueve minutos y treinta y siete segundos después-

El asesino se dio la vuelta -¡por fin!-, pero no para nada bueno.
    -Vamos, nena, hora de trabajar- le ordenó mientras se bajaba sus mugrientos pantalones.
    Entonces, la furia se apoderó de mi cuerpo, y de mi voluntad.
    Las cosas no salieron como yo esperaba.

    En lugar de tumbarle como había pensado, cogí mi navaja de un lugar  que los heteros no suelen cachear y la hoja, antes fulgente y argéntea, se tiñó de rojo inmediatamente después de dejar de tocar la garganta del asesino.

      No podía creerlo. Había matado a alguien.





El final


No se si fue mas el odio o la envidia lo que me llevó a cometer aquel acto tan atroz, pero solo sé que ella era la persona menos adecuada para reprochármela.
Todo empezó con un pequeño gesto, pero poco a poco fueron aumentando sus acciones y disminuyendo mi paciencia.
Y al final no pude contener a mis actos y la pistola que sujetaba fuertemente con mis manos acabó por causar una muerte silenciosa.
Ahora me arrepiento de cada día que no pasé con ella y escribo esto para que sepáis que no me ha matado el arma que ha paralizado mi corazón sino que he muerto de amor.

Greta B.


A veces nuestras preocupaciones, son innecesarias y perdemos tiempo a causa de un objeto perdido, discusiones entre amigos ... pero hemos de dejar esto para los perores momentos, a fin de que nos tomen más en serio.
Para vuestro mejor entendimiento pondré un ejemplo de cierto acontecimiento de viví hace un tiempo.
A la salida de clase, me encontré con un niño, él suele ser alegre, pero en aquel momento su cara estaba bastante pálido, tras esto le pregunté ¿Qué te ha ocurrido? y acto seguido me contestó, es que se me ha muerto un amigo.
Me quedé paralizad@, y opino que eso si es realmente para ponerse triste.
Una persona de este mundo.

La pelirroja



Caminaba por la calle sin destacar demasiado.
Era una chica de unos dieciocho años, que llevaba la habitual bandolera que contenía los  libros del instituto.

Sin embargo, cuando vi aquella figura esquelética y encapuchada que transportaba una guadaña acechándola entre la multitud me percaté de que debía hacer algo.
Justo cuando la chica cruzaba la calle, un veloz vehículo deportivo cabalgaba sobre el asfalto.
Los ojos de la pelirroja se abrieron vertiginosamente mientras la misteriosa figura abría con elegancia sus fauces para absorber su alma.

Entonces, corrí con todas las fuerzas que me permitían mis desarrollados músculos.
Aparté de un empujón a la chica y vi cómo el deportivo se llevaba por delante al encapuchado.

Nadie pareció verlo.

Entonces, aquel ser se irguió, sin mostrar ningún signo aparente de lo que acababa de ocurrir.
Una mirada se cruzó entre los dos, y el corazón imploró salir del pecho. Mis venas se marcaban cada vez más en mi piel, hasta que unas cuantas reventaron.
Comencé a sangrar. En ese momento, me percaté de que nadie se movía. Sólo miraban a la chica que estuvo a punto de fallecer, pero, aun así ni pestañeaban.
Me desplomé y un ruido sordo me indicó que había chocado contra el asfalto. Mi piel se pudría por momentos. La calvicie invadía mi cráneo. Mis ojos reventaron.
Cuando me desperté seguía en el mismo lugar, y la multitud seguía petrificada. De repente, la guadaña voló hacia mis manos. Cuando las miré, descubrí unas falanges sin carne sobre ellas. Mi indumentaria era exactamente igual que la de aquel ser que acechaba a la chica.

Elevé la vista, consumido por la incertidumbre, y el movimiento regresó a Manhattan.
Observé a la chica, que se giraba para ver al héroe que la había salvado.
Pero en su lugar se encontraba un ser encapuchado y con guadaña en mano.
Sin tener control sobre mis actos, la hoja de la guadaña se clavó en el pecho de la joven.

Sergio J.

"Amnesty International". Organización contra la pena de muerte.


La pena de muerte.


Silla eléctrica, horca, inyección letal. Hay muchas maneras, pero en todos los países del mundo deberían prohibirla. Esto me recuerda a una noticia sobre una huérfana de origen chino. Esta niña tenía un padre que maltrataba a su madre. Un día, las cosas se pusieron más feas de lo habitual, y la madre asesinó al padre de la muchacha en defensa propia. El gobierno mandó a su madre al corredor de la muerte. La chiquilla duerme siempre con la foto de su madre bajo la almohada.



Sin más dilación, he aquí el anuncio de Amnesty International contra la pena de muerte: 



   

Muerte


Así es como todo termina.
Una bala, un infarto, cáncer. No importa la forma, pero siempre acaba igual. Tras años de funcionamiento, cada uno de nuestros órganos pulsa el botón de off. Cada una de nuestras céllulas deja de mover sus filamentos y se detiene a descansar. Nuestro corazón exhala el último suspiro y le cede al cerebro la última tarea de nuestro cuerpo:

Soñar. Para siempre.

Sergio J.


Visitantes en el mundo

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